Intento de vuelo desde los pies del Iztaccíhuatl. (Ago/2004)
Intento de vuelo desde los pies del Iztaccíhuatl. (Ago/2004)
Hace dos años y medio que no escalo nada, la mochila a mi espalda parece traer, en vez de un equipo de parapente de 12kg, un gorila de 100kg colgado. Abajo veo a Gustavo Montalvo y a Mariano Casteláo que vienen subiendo por el roquerío por donde acabo de pasar, una serie de lajas inclinadas relativamente sencillas a no ser porque están cubiertas de arena la cual las convierte en una especie de resbaladilla cubierta de canicas.
La idea que traemos es subir a los pies para encontrar algún lugar de donde podamos despegar con nuestros parapentes. Ya son las 8:00am y eso de que nos abrieran la cadena de Paso de Cortes hasta las 7:00 AM nos partió todo el plan. De todas maneras decidimos intentar subir. El cielo todavía se ve abierto y con el paso que traemos creo que si alcanzaremos a llegar antes de que las condiciones se pongan mas feas. Así que decidimos subirnos derechito hasta arriba.
Hace unos 4 años había subido por este mismo lugar en un sprint en solitario a la cumbre de los pies, pero ahora, lo que en aquel entonces me pareció una escalada fácil, me estaba costando uno y la mitad del otro. Me imagino que es porque en aquel sprint subí sin nada de peso y en esos momentos me encontraba en uno de mis mejores momentos como escalador.
Hago desaparecer los malos pensamientos de mi cabeza y mejor me concentro en la ruta adelante. Una canaleta llena de arena y ahora una especie de morrena de arena y rocas empinada pero sin mayores complicaciones técnicas. Pronto me aburro de esto y busco algún lugar un poco mas divertido. Una pequeña travesía a mi izquierda me lleva a una pared de roca vertical con una chimenea que al parecer se ve sencilla, pero al encaramarme dentro de ella descubro que si, en efecto estaría sencilla si la mochila no se empecinara en atorarse en todos lados y dejara de jalarme hacia atrás. Pero el cuerpo es necio y aunque aviso que voy de regreso, el siguiente paso vuelve a ser hacia arriba, por una parte me da gusto saber que mi necedad no ha desaparecido y por otra se me empiezan a cansar las extremidades. Decido bajar y mejor seguir los pasos de Mariano que encuentra un lugar mas sencillo por donde subir, Gus toma la delantera y lo veo bufar y refunfuñar en un pasito que desde donde yo me encuentro se ve facilísimo. JAJA, se ve fácil hasta que llego a el y me encuentro con un 5.8 (grado de escalada sencillo) bien vertical que mi mochila se encarga de subir un par de grados mas, me tardo una eternidad en sacarlo y finalmente, gamberreandole (hacer trampa como novato) con ganas, rodillas en un escalón y la mano empotrada hasta el codo en una grieta, logro salir del atorón. Ahora ya me siento cansado y veo que Mariano le entra al paso difícil con “Ímpetu” y lo saca increíble, lastima, no hay tiempo de descansar.
El clima ahora ya esta declarado, no habrá vuelo inmediatamente, por lo menos no con estas nubes, la niebla ya lo cubre todo y nos sorprendemos de lo rápido que se tapó el cielo. Clima de montaña de Agosto, que podíamos esperar.
Llegamos al hombro poniente de los pies y ahí nos proponemos esperar a ver si se despeja un poco para despegar. Así estamos como hasta las 3:00pm, espere y aguarde, practicando un poco del para-waiting que ya tenemos mas que dominado, observando las nubes correr, el comentario típico de “Mira, parece que ya esta abriendo... ....bueno, parecía.”. Entre claros observamos como las termales, por alguna razón desconocida, se pintan mas abajo y vemos por medio de la bruma que ocasionan, su trayecto vertical. Esto nos deja estudiar como son sus bordes y como se comportan en relación a los vientos en las diferentes alturas que van atravesando. Es un espectáculo un tanto intimidante ver la magnitud de estos fenómenos y nomás de imaginar que normalmente son esas “Termas” las que nos hacen ganar altura se me enchina el cuero cabelludo.
Eventualmente el aburrimiento se apodera de nosotros y decidimos explorar la zona, yo me acordaba que para subir a la punta de los pies había que subir a una rampa de arena para luego hacer una travesía a la izquierda sobre un corredor de roca y otra travesía a la derecha de nuevo sobre arena y ahí estaría la cumbre. Pues ni siquiera encontré el primer campo de arena, así estaba de cerrado el día y tras deambular otra hora decidimos bajar a comer a Amecameca.
A eso de las 6:00pm llegamos a la camioneta con hambre de osos, y del vuelo, pues ni modo, será otro día con mejores condiciones y menos nubes.
Primer vuelo desde los pies del Iztaccíhuatl (Diciembre 2004)
Viernes 24 de diciembre de 2004: Miguel Gutiérrez, mi instructor y amigo, nos da las velas de montaña que tanto hemos esperado. Gracias a Alas del Hombre y a UP, tuvimos la oportunidad de obtener dos velas prototipo de montaña fabricadas por UP Paragliders. Estas velas son muy ligeras y están hechas de un material mucho más liviano que la tela normal con la que se hacen los parapentes.
Sábado 25 de diciembre: Todo el día pensando en el día siguiente.
Domingo 26 de diciembre: Cuatro meses después del primer intento, regreso acompañado de mi Ioulia y de Gustavo, esos inseparables compañeros de aventuras que comparten la enorme pasión de vivir conmigo.
Llegamos a Paso de Cortes (el valle ubicado entre el volcán Popocatépetl y el volcán Iztaccihuatl) a eso de las 12:00am. Una hora más tarde encontramos un lugar a unos 3800 metros sobre nivel del mar que parece perfecto para probar nuestros parapentes nuevos.
Hacemos un par de vuelos cortos que nos revelan un excelente rendimiento y una estabilidad extraordinaria de estos parapentes.
Incluso en el viento mas ligero no cuesta nada de trabajo despegar y logramos hacer un par de planeos bastante largos.
Estoy asombrado ya que estoy volando la vela sobrecargado (traigo todo el peso con el que pienso volar al día siguiente).
Un par de amenazantes remolinos de polvo nos indican que ya es hora de dejar de volar eh ir a levantar el campamento.

Ioulia despegando con el Popocatépetl de fondo.

Gus en su ultimo despegue en la “escuelita”.
Lunes 27 de diciembre: Hoy es otro día y las condiciones definitivamente son mejores. El sol nos da la salida y a eso de las 6:30 AM, Ioulia y yo comenzamos a caminar. Gustavo ha decidido quedarse en el campamento para descansar y para filmar el esperado vuelo desde algún punto del Iztaccihuatl.
Hoy solo traigo a mis espaldas 8 Kg de equipo. Vela de montaña (4 Kg), arnés y reserva Thin Red Line (1.5 Kg) junto con 1 litro de agua mas la mochila (sin armazón), casco y ropa de montaña ultraligera , significan que ya no traigo el acostumbrado “gorila” en mi espalda. El cambio no se hace esperar y el ascenso se vuelve algo extremadamente disfrutable.
Ioulia me acompaña hasta la cajita azul, a unos 4100 metros, y decide regresar. Se ve cansada y se nota que la hepatitis de la cual se esta recuperando, sigue dándole problemas. Le doy mi cámara de video para que me filme durante el vuelo. Nos despedimos con un fuerte abrazo y me lanzo hacia arriba a un paso feroz. La idea de volar desde los pies del Iztaccihuatl se vuelve el único pensamiento en mi mente. No quiero repetir lo mismo de hace cuatro meses y decido subir por la ruta mas sencilla y rápida a los pies.
Una hora y media mas tarde llego a la cota de los 4600 y la cumbre de este gran morro de roca se encuentra aun unos 50 metros más arriba. Desgraciadamente, en un rápido scouting de la zona, descubro que no habrá manera de despegar desde la cumbre. La dirección del viento es totalmente sur y en la base del farallón final encuentro una rampa de arena perfectamente orientada al viento. En seguida saco la “veleta de abandono” (una vara de bambú de unos 2 metros de largo con un pedazo de papel de baño biodegradable en la punta) y la coloco donde me queda a la vista desde el despegue.
Mientras saco mi arnés y mi parapente de la mochila no dejo de observar la veleta. Noto que las rachas se intensifican cada vez más y que la dirección del viento esta girando al sur-este amenazando con enrotorar el lugar de donde pretendo despegar. Ahora el sol calienta de lleno las enormes paredes de roca bajo mi emplazamiento y las rachas comienzan a aumentar en intensidad. Así que sin perder tiempo extiendo mi parapente lo mejor que puedo. Me meto dentro del arnés de montaña y espero a la siguiente racha para hacer un pré-inflado de chequeo.
Es la primera vez en mi vida que pretendo hacer un vuelo sin compañía y el hecho de que nadie (que yo conozca o haya escuchado) haya despegado desde este lugar me pone un tanto nervioso. Pero las condiciones parecen correctas y todo en mi indica que este vuelo es posible.
Esperando noto que el viento se ha calmado y que ya no soplan mas rachas como las de hace rato, así que al primer indicio de una brisa jalo las bandas para hacer mi pré-inflado pero el parapente quiere volar y lo consiento dejándolo llegar hasta arriba, ahí lo mantengo unos segundos en lo que checo que las líneas estén adecuadamente estiradas y me doy la vuelta hacia el vacío.

Dos pasos me ponen en el aire y una vez en vuelo, establezco rumbo sur. Tras unos 50 metros las rampas de arena se convierten en una serie de barrancas verticales que me dan, en un abrir y cerrar de ojos, mas de 500 metros de altura sobre el piso. La terma no se hace esperar y siento como empuja mi vela hacia arriba violentamente.
Como todavía no se como reacciona esta vela decido alejarme del cerro antes de girar nada. Entiendo que quizás el vuelito de prueba que realizamos el día anterior en la pendiente escuela de Paso de Cortes no ha sido suficiente como para agarrarle el feeling a esta nueva vela.
Pero este parapente se siente sólido y estable aun a esta altura y con esta turbulencia. Poco a poco me animo a girar más y en un ratito ya estoy termaleando de lo lindo en las intensas ascendencias azules de este día. La presión atmosférica es alta y las térmicas literalmente golpean mi parapente. El vario no deja de sonar y para ahora la curvatura terrestre ya es visible. Quizás no este a mas de 5000 metros sobre el nivel del mar, pero la diferencia con el valle parece abismal.
El punto más alto de los pies del Izta ha quedado mas abajo y puedo ver la ciudad de Puebla por encima de esta montaña.
La idea de estar mas allá de la cumbre me emociona muchísimo y dejo que la adrenalina corra por mi cuerpo libremente. Con esta nueva confianza recién adquirida en mi parapente, y lo que parece ser una ascendencia constante, decido tomar rumbo a Paso de Cortes unos 6 o7 Km mas adelante.
Pero al pasar la Joya, el lugar donde acampamos la noche anterior, la ascendencia termina y es sustituida por una descendencia fenomenal. Trato de salir de ella pero para cuando lo hago ya estoy demasiado bajo y no me queda de otra mas que aterrizar frente a la repetidora de Altzomoni.
Comienzo mi patrón de aterrizaje haciendo algunos giros de 360 grados para medir la deriva del viento y aterrizo fácilmente junto a la terracería que va de Paso de Cortes al Iztaccihuatl. Estoy sorprendido de cómo en unos segundos se pueden perder los mas de 800 metros que traía sobre este aterrizaje. En seguida me comunico por el radio con Ioulia y Gustavo. Les comunico que aterricé con bien y me responden que me recogerán en donde estoy en algunos minutos.
Mientras doblo mi parapente, un coche se para frente a mi y unos chavitos se asoman por las ventanas y me preguntan si soy yo el que voló desde el volcán a lo que respondo afirmativamente entre sonrisas, con esto se van contentísimos. Bueno, quizás no tanto como yo. Ya de bajada desde Paso de Cortes un cerro a la izquierda de la carretera llama mi atención, se ve bien orientado como para despegar de el, pero si tan solo encontráramos una terracería que subiera hacia allá... pero esa, es otra historia.
Aprendizaje:
Sinks en altura.
Es tanto, o más importante, saber donde están los sinks. En montaña podemos separar a los Sinks en dos grupos: los sinks “térmicos” y los sinks “dinámicos”
Un sink “térmico” de montaña te dará tasas de descenso acordes a la termales que los generaron. Incluso mayores.
Es importante adivinar los puntos de sink que se generan viento abajo y oblicuamente de los focos térmicos. Incluso la salida de una termal es recomendable hacerla por un costado o hacia enfrente de la misma para evitar el rotor y el sink “térmico” generados viento abajo y oblicuamente de la misma termal.
Las caras sombreadas de las montañas son puntos predilectos de los sinks “térmicos”. Glaciares o zonas nevadas son focos de sink “térmicos”. Es sorprendente como un pequeño parche de nieve o estanque de agua helada, rodeado de terreno rocoso, puede provocar un sink localizado de gran intensidad. Esto es especialmente importante saberlo para evitar ser “chupados” hacia abajo durante alguna aproximación o vuelo a baja altura.
Un sink dinámico es más fácil de entender y tiene que ver con el viento que una vez alcanzada la cumbre de una montaña baja por el lado posterior de la misma. El sink dinámico se generara en montañas más “aerodinámicas” y con cimas o cumbres redondeadas. Si las cumbres de las montañas son abruptas o filosas es más probable que el sink dinámico se convierta en rotor una vez pasada la montaña. Y la combinación de un sink “térmico” con un sink “dinámico” puede acabar con un vuelo en menos tiempo de lo que toma decirlo o el intento de salir de el.
Añadido: Viernes, 21 Abril, 2006 Escrito por: Alejandro Pérez R. Puntuación      Visitas: 662 Idiomas disponibles : spa
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